La ‘crisis’ en el año 2008

Finaliza el año 2008 y es hora de balances. He pensado que la mejor manera de hacerlo es recuperar los dos artículos que he publicado este año en la edición en español de ‘Le Monde Diplomatique’: el primero en Febrero y el segundo en Noviembre. Los dos versan, como no podría ser de otra manera, de la crisis financiera y económica que ‘parece habernos caído del cielo’. Quiero agradecer a los editores de ‘Le Monde Diplomatique’ su confianza y permitir la difusión de estos artículos en ‘No le digas a mi madre que trabajo en Bolsa’.

Me atrevo a recomendarles la lectura del especial que ha editado ‘Le Monde Diplomatique’ sobre la crisis. Allí encontrará opiniones que en muchos casos no tienen cabida en los medios de comunicación de mayor audiencia, no por su calidad e interés, si no por sus ‘líneas editoriales’. Entre ellos, otro artículo mio.

Nuestros mejores deseos para el año 2009.

  • Febrero 2008

¿‘CRACK’ 2008?
El impacto de la crisis en las entidades financieras españolas

Los múltiples debates que el reciente desplome de las bolsas mundiales ha suscitado, han vuelto a poner de manifiesto, particularmente en España, la carencia de cultura financiera y la voluntad por parte del sector financiero de enmascarar la profundidad de la crisis, sabiendo que dicho sector tiene una influencia demostrable en la mayoría de los medios de comunicación.

El resultado es simple: los ciudadanos están perdidos, una vez más, en la maraña de noticias y opiniones tendentes a convencerles de que, por un lado, las entidades financieras españolas no son responsables de la crisis, están “saneadas”, y no van a sufrir las mismas consecuencias que los bancos estadounidenses… Pero, por otro lado, hacen pasar el mensaje de que debemos estar listos para sufrir las consecuencias de la crisis…

Existen muchas razones por las que debemos estar convencidos de que la crisis actual golpea de lleno al sistema de servicios financieros español, pero nos vamos a concentrar en dos: las conocidas hipotecas subprime y la explosión de la burbuja inmobiliaria. Muchos ciudadanos se preguntan ¿Cómo es posible que mi banco pueda tener problemas ligados a las hipotecas subprime cuando dichas hipotecas sólo se han concedido en Estados Unidos? Pues tiene mucho que ver, porque las hipotecas en general, y las ya famosas subprime en particular, son deudas que se titulizan, es decir que se convierten en títulos que se venden. Creo que un ejemplo aclarará el concepto. Si el banco B le presta al ciudadano C 100 euros al 10%, divide esos 100 euros en 10 títulos de 10 euros y se los propone a otros bancos o fondos de inversión asegurando una rentabilidad del 8%, el banco B está vendiendo la deuda que representa el préstamo a otras entidades financieras con un beneficio neto del 2%. Este sistema funciona mientras el ciudadano C puede pagar…pero ¿Qué pasa cuando no paga?…Pues que el banco B debe hacer frente a sus compromisos con los demás bancos y fondos de inversión lo que le genera pérdidas que estarán en función de la cantidad de hipotecas que haya titulizado.

Mientras existió el auge del sector inmobiliario no hubo problemas, porque el precio de las casas se revalorizaba anualmente de una forma descomunal y ante, los impagos de los ciudadanos, el banco B podía vender las casas obteniendo beneficios…hasta que el valor de los activos inmobiliarios empezó a bajar y los tipos de interés de referencia empezaron a subir. Es necesario añadir que los porcentajes utilizados en el ejemplo anterior lo son a título indicativo, ya que en el caso de las subprime fueron superiores porque el dinero se prestaba a personas insolventes que estaban dispuestas a pagar altos intereses.

Por otro lado, dadas las excelentes rentabilidades propuestas por estos títulos hipotecarios, rentabilidades avaladas por las agencias de rating (1), una gran mayoría de entidades financieras mundiales los han adquirido y ello explica que el problema generado en EE.UU. se haya extendido a todo el planeta…planeta del que, hasta prueba de lo contrario, forma parte España. Lo que aún queda por saber es la cantidad de dinero total que representan las hipotecas subprime emitidas, así como la identidad de todas las entidades que las han adquirido. En un mundo globalizado dominado y controlado por los mecanismos financieros, con bases de datos en las que se consignan todas las operaciones…nadie parece saber cuál es la talla del “agujero”, talla que vamos conociendo a medida que los bancos deciden anunciar sus pérdidas multimillonarias a modo de cuentagotas. Un día es Merrill Lynch, otro UBS, la semana de después Citigroup o Société Générale, y mañana ya veremos.

Ello ha dado lugar a que los bancos sean actualmente reticentes a prestarse dinero los unos a los otros, simplemente porque desconfían, temen no poder recuperar el dinero prestado y, consecuentemente, se ha generado en el mercado lo que se conoce por “falta de liquidez”. Debido a esta realidad los bancos centrales han tenido que venir en ayuda del sector inyectando en los mercados ingentes cantidades de dinero que, al parecer, todavía no son suficientes para reparar los daños. La pregunta que podemos hacernos es ¿Para qué sirven los bancos centrales, para prevenir o para curar las enfermedades del sector financiero?… y podemos hacernos la misma pregunta en lo que concierne al FMI, al Banco Mundial y demás supervisores de los mercados que han demostrado su inutilidad en la prevención de la crisis actual como ya la demostraron cuando estalló la crisis económica provocada por el pinchazo de la burbuja de Internet en 2001.

Con respecto a la burbuja inmobiliaria, ¿Es exagerado afirmar que España es el país europeo que más sufrirá las consecuencias de su estallido? ¿Quién no sabe que el sector inmobiliario ha sido el motor de su crecimiento y que, por ejemplo, en el año 2006 se construyeron más casas que las construidas conjuntamente en Francia, Alemania e Inglaterra? ¿De qué sector han surgido los nuevos multimillonarios españoles?, y finalmente ¿Cuáles han sido los instrumentos que han permitido este “boom” inmobiliario? Evidentemente los instrumentos han sido los préstamos hipotecarios concedidos por las entidades financieras a constructores, promotores y compradores; préstamos que se han titulizado, como los de las hipotecas subprime, y que se han vendido a otros bancos y fondos de inversión. El mecanismo es el mismo y, aunque se haya puesto más énfasis en el control de la solvencia de los deudores, aunque el Banco de España haya obligado a las entidades financieras prestamistas a aprovisionar riesgos, el endeudamiento de las empresas y de los hogares españoles es superlativo, sabiendo además que se han realizado muchísimas operaciones multimillonarias con controles más livianos, lo que puede dar lugar a una catástrofe financiera. Para tranquilizar se utiliza por el momento la palabra “desaceleración”, pero empiezan a aparecer casos concretos, por ejemplo Astroc, Llanera o Colonial, que ponen de manifiesto las dificultades generadas a las entidades financieras que prestaron dinero.

Es cierto que el sistema bancario español tiene ciertas particularidades que pueden amortiguar algunos aspectos de la crisis generada por las hipotecas subprime, pero no es menos cierto que está inmerso en el sistema liberal-capitalista que nos caracteriza, en un mundo financiero globalizado que utiliza mecanismos similares en todos los países, que los mercados bursátiles están interconectados y que, además, tiene en su balance la enorme deuda generada por el sector inmobiliario. Por todo ello, hacer creer que los bancos españoles no van a tener problemas, es engañar a los ciudadanos. Y hablando de ciudadanos y de bancos me parece oportuno terminar haciendo referencia a un hecho: cuando los bancos cometen errores originados por las ansias infinitas de ganar dinero, los bancos centrales les ayudan a pagar sus deudas; cuando los ciudadanos cometen errores, a veces también originados por intentar tener más de lo que pueden, se les quita lo poco que tienen.

(1) Las agencias de rating son empresas especializadas que valoran a los emisores de deuda según su solidez financiera, su capacidad de pago a diferentes plazos de tiempo (largo/corto) y su vulnerabilidad ante teóricos cambios del entorno exterior.

  • Noviembre 2008


LA CRISIS FINANCIERA Y LA DEPRESIÓN QUE VIENE

Efectos para España

Para tratar de “refundar el capitalismo”, según la expresión brutal del presidente francés Nicolas Sarkozy, se reúnen en Washington, el 15 de noviembre, los países del G-20. ¿Conseguirán hallar la salida de la crisis? No es seguro, pues a pesar de las medidas que están tomando los dirigentes políticos mundiales frente a la crisis, es evidente que no saben muy bien qué decir, o qué hacer, para afrontar una situación de la que son responsables y que les sobrepasa. En España, donde los efectos de la crisis ya se notan fuertemente en la economía real, la actitud del Gobierno y de los dirigentes financieros y bancarios también suscita interrogantes y dudas.

Ahora que podemos constatar cómo la confusión está evolucionando en el entorno financiero, y que todas las instituciones internacionales se han pronunciado sobre la misma. Ahora que los gobiernos han tomado la decisión de utilizar el dinero público para pagar deudas generadas por productos denominados “tóxicos”, para garantizar los activos de las entidades financieras que muchas veces se han comportado como despiadados bulldozers en un mundo a priori caracterizado por la libre competencia, y para evitar la bancarrota de empresas que han intervenido en los mercados financieros más bien como entidades jugadoras de lotería que como entidades de inversión productiva. Ahora que todo lo anterior está decidido ¿No deberíamos reflexionar, tranquilamente y concretamente, sobre la actitud de los gobiernos, de los reguladores, de los legisladores, y de todos aquellos que, teniendo responsabilidades, no han hecho nada para evitar este desaguisado? ¿No deberíamos reflexionar sobre las consecuencias que todo esto ha tenido, tiene, y podrá tener, para los españoles?

Es interesante constatar que, en las estructuras políticas y sociales vigentes, la igualdad de derechos entre los ciudadanos con respecto a sus responsabilidades no ha alcanzado aún a los contribuyentes. Actualmente, “inmunidad” o “impunidad” son prerrogativas de los políticos, de los legisladores y de los reguladores…y han sido extendidas a los líderes de las compañías descritas hasta ahora como “demasiado grandes para que desaparezcan”, o que representen un riesgo sistémico, como las entidades financieras. Es también interesante descubrir que los altos ejecutivos de dichas compañías jugaban con los patrimonios de los inversores de una forma similar a la que utilizan los gobiernos con el dinero de los contribuyentes, sin olvidar que algunos de esos ejecutivos, como el señor Henry Paulson (exdirigente de la banca Goldman Sachs), actual Secretario del Tesoro de Estados Unidos, se han convertido en líderes políticos que gestionan la crisis…

Los resultados de esta gestión tan ‘sui generis’ son las enormes deudas que deben ser pagadas por los contribuyentes sin ninguna sanción para los que las han generado aunque se hayan beneficiado de los patrimonios que han dilapidado.

Lo que está ocurriendo en el mundo con esta crisis es escandaloso, por utilizar un adjetivo leve, pero en el caso de España, a la palabra escándalo hay que añadir cinismo, cara dura y todo lo que se desee añadir para calificar a los responsables de esta crisis…perdón…¿Responsables de esta crisis?… Al parecer, no hay ninguno; nadie es responsable de lo que está pasando…además, en España, el “sistema financiero es sólido”, como no se cansan de repetir los que nos han metido en este berenjenal. ¿Ha tenido usted ocasión de ver el reportaje que difundió TVE1 el sábado 18 de octubre en el programa “Informe semanal”? Edificante. Los máximos dirigentes de las cinco entidades financieras españolas más importantes, y el gobernador del Banco de España, escenificaron perfectamente el drama teatral al que, con la ayuda del gobierno, estamos viviendo. ¿Cómo se puede afirmar que “la crisis que estamos viviendo nos hace valorar, más que nunca, la importancia de contar con un sistema financiero español solvente, rentable, sano y sostenible”? ¿A quién se le quiere tomar el pelo?

Estas declaraciones son, como mínimo, para quedarse perplejo, intentando evitar no morir idiota. ¿Solvencia de las entidades financieras españolas? Si existiese, no se entiende por qué el gobierno español ha decidido incrementar, con el aplauso de las mismas, la garantía de los ahorros que los ciudadanos tienen en las entidades financieras. ¿Un sistema financiero sano? Si lo estuviese, el gobierno no tendría por qué asegurar sus emisiones crediticias, con el mismo aplauso de quienes las emiten. ¿Un sistema financiero sostenible? Si lo fuese, no se entiende por qué el gobierno español tiene que poner encima de la mesa, por el momento, entre 30.000 y 50.000 millones de euros, decisión también vitoreada por los que, en principio, no tienen problemas. ¿Un sistema financiero rentable? Adjetivo interesante… ¿Se puede preguntar para quién es rentable? Como ocurre a menudo en nuestro particular modus vivendi nos consideramos diferentes a los demás… somos los mejores… “Spain is different”.

La realidad es que de diferente, en el seno del sistema económico-financiero mundial, tenemos muy poco. Es cierto que la estructura de banca comercial que caracteriza a España prima sobre la de banca de inversión, a pesar de los esfuerzos que han hecho todos los bancos y cajas de ahorros españoles para arrebatar el negocio a los bancos de inversión, pero ello no es óbice para que nuestros bancos y cajas de ahorros se encuentren inmersos en el mismo modelo financiero-económico que impera en el planeta.

Cierto es que, en España, no se han creado demasiados productos financieros estructurados que enmascaraban las ya famosas hipotecas subprime, pero dichos productos se han vendido en nuestro país. Lo más grave es que al parecer sin saber lo que se vendía, como se han vendido los bonos de Lehman Brothers, por mucho que se afirme que el sistema financiero español es solvente, a no ser que la solvencia se deba interpretar como el procedimiento que consiste en cobrar jugosas comisiones vendiendo productos podridos y lavarse las manos después ante los ciudadanos que los han comprado.

Me parece oportuno hacer saber, por si acaso no se sabe, que Banif pertenece al Banco Santander, y que Banif es una de las entidades que ha vendido en España más bonos de Lehman Brothers. ¿Es eso lo que los presidentes de los bancos llaman “gestionar con prudencia” el riesgo? ¿El riesgo de quién? ¿Se puede utilizar la palabra “irresponsabilidad” cuando en estas circunstancias se sale en la televisión dando lecciones de cómo hay que gestionar un banco? Pero no sólo por parte de los que en ese programa de TVE1 se expresaron, sino también por parte de los presidentes del conjunto de entidades financieras españolas. ¿Qué han hecho, en sus funciones de máximos responsables, para evitar la crisis? El único que admitió ciertos errores…y vaya usted a saber por qué, fue el presidente de Caja Madrid. Otro aspecto que me parece relevante para los que vivimos en este país tan diferente es el relacionado con el sector inmobiliario que, al parecer, está muy alejado de la crisis que este mismo sector vive en Estados Unidos. ¿Alejado por qué? ¿Por la distancia, que en el contexto financiero mundial no tiene ninguna importancia? En España, las entidades financieras han hecho tres cuartas partes de lo mismo que han efectuado otras entidades similares en Estados Unidos puesto que han titulizado los préstamos hipotecarios que otorgaban y han prestado dinero por encima de lo razonable, animando a los ciudadanos a endeudarse por encima de sus posibilidades para culpabilizarles ahora de haberlo hecho.

Una gran mayoría de entidades financieras españolas han prestado más del 100% del valor de tasación de los bienes en los que dichos préstamos estaban basados, y como no disponían de los fondos para hacerlo han contraído ellas mismas, con entidades financieras extranjeras, deudas que ahora no pueden pagar. ¿Quién les ha obligado a ello? ¿El sistema financiero español que es solvente, rentable, sano y sostenible? ¿Cómo van a pagar estas entidades lo que deben en el marco de credit crunch, o falta de liquidez, que existe en el mercado interbancario? No pueden, y por eso, entre otras cosas, necesitan que el Gobierno español les ayude. ¿El Gobierno? Sí, el Gobierno, en este caso con el dinero que, en nombre del Gobierno, van a pagar los ciudadanos.

No voy a citar a todos los economistas que han defendido el modelo económico en el que vivimos, particularmente a los más ilustres que ya no están con nosotros, porque la lista sería larga, pero estoy seguro de que si pudiesen estar aquí, y viesen lo que está ocurriendo, volverían a morirse. Esta vez del susto que les produciría la incongruencias que se está produciendo en el seno del modelo que ellos defendieron. No se trata de enunciar todos los aspectos que caracterizan al modelo, pero sí que me parece adecuado señalar que el evangelio de ese modelo que ahora agoniza es el siguiente: la libre circulación de capitales, dejar a la iniciativa privada que se organice como lo entienda, que se deje aplicar sin trabas las reglas comerciales que se basan en el binomio oferta-demanda, que el gobierno, representante de los ciudadanos que le han elegido, no intervenga en la iniciativa privada, y que el mercado sea el único juez que regule los éxitos y los fracasos.

Esto quiere decir, entre otras cosas, que si una empresa privada se equivoca en su estrategia hay que dejar que el mercado determine si debe seguir existiendo o no. Lo que podemos constatar es que este modelo parece funcionar en los ciclos económicos de crecimiento, pero no funciona en los ciclos económicos de decrecimiento. Lo que también podemos constatar es que, en los ciclos económicos de crecimiento, los beneficios se los llevan unos pocos, y en los ciclos económicos de decrecimiento tenemos que pagar todos.

Está claro que este modelo no está equilibrado, ni en España, ni en ningún país del mundo ¿Y entonces…? Pues hay que cambiarlo. Y es aquí donde se ha abierto un debate interesante que, al parecer, en España, no tiene por qué ser el mismo. El primer ministro británico, Gordon Brown, no tiene ningún rubor en afirmar que va a nacionalizar a las principales entidades financieras inglesas, el presidente francés Nicolas Sarkozy habla de “refundar” el capitalismo, y el fracasado presidente George W. Bush dice que de lo que se trata es de modificar algunas cosas que no funcionan. ¿Algunas cosas que no funcionan? Que los ciudadanos del mundo, sus hijos y sus nietos, tengan que pagar billones (de doce ceros) de euros para intentar recuperar un pequeño bienestar ¿Consiste simplemente en modificar “algunas cosas que no funcionan” en el sistema capitalista? Si una declaración de este tipo no es un sarcasmo…

La evidencia de los defectos del modelo capitalista neoliberal está más clara que nunca, y creo que si podemos sacar una conclusión de esta crisis es que los ciudadanos se han dado cuenta de ello. Lo que se necesita ahora es una catarsis, y hasta que no se produzca no saldremos de la encrucijada económica en la que nos hallamos.

Para “salir del paso” no hay otro remedio, por el momento, que ayudar al sistema. Pero es absolutamente necesario comprender que los gobiernos, las instituciones financieras internacionales, los organismos de supervisión financiera, los bancos centrales, las agencias de calificación crediticia (las agencias de rating), los bancos y cajas de ahorros, y todo lo se parezca a cualquier organismo que participa en la estructura del sistema financiero actual son los culpables de la crisis.

En España, ni el Gobierno, ni el Banco de España, ni la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), ni la Dirección General de Seguros, ni los bancos y cajas de ahorros, han sido capaces de evitar, o de atenuar, lo que los ciudadanos están sufriendo. Entonces…¿Para qué sirven? Queda demostrado que para nada. En consecuencia, sus dirigentes deberían ser los primeros en mirarse al espejo, admitirlo, reconocerlo, e irse a sembrar patatas o a ocuparse de mejorar la producción de limones… Aunque puede ser que no sean capaces ni de eso.

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